November 14, 2011

El "orgullosamente Regio" necesita actuar.

He visto en muchos lados este blog post, en el cual un Chilango describe desde su visión la grandeza de Monterrey y su tristeza de dejarlo. Quisiera compartir mi sentir despues de leer ese artículo. El artículo es un homenaje que hace sentir especial a todos los que son de Monterrey, sin duda. Pero es un homenaje desafortunadamente hueco que no hace más que consolar y decir “no se preocupen, Monterrey va a salir adelante”… ¿cómo? Quién sabe.

Sentirse especial y orgulloso de dónde eres es claramente algo bueno, pero es realmente virtuoso cuando eres parte activa y constructiva de tu entorno. Cuando lo enriqueces con tus acciones, por pequeñas y rutinarias que parezcan. Ser “orgullosamente regio” porque eres Rayado/Tigre a morir, porque tienes todos los discos de los Invasores de N.L. o porque te encanta el machacado con huevo y la carne de la Ramos, o porque hablas con el acento “inimitable” de Monterrey es, francamente, algo superficial que no ayuda en mucho a sacar a la ciudad de la crisis histórica en la que se encuentra. Cuando contribuyes a la construcción de la grandeza que reclamas como tuya, entonces SÍ puedes (y tienes que) sentirte orgulloso. No tienes que convertirte en revolucionario y formar cuadrillas de activistas para poder cambiar de la noche a la mañana ese nido de ratas asesinas que a veces parece que se ha convertido Monterrey (gracias en mucha medida también al amarillismo periodístico). Es utópico pensar eso, pero cosas pequeñas ayudan. Dejar de ser corrupto y no darle mordida al tránsito y al funcionario de ventanilla es un comienzo. Exigir a las autoridades es imperativo para que una sociedad funcione, y Monterrey no es la excepción. Si el “orgullosamente Regio” tuviera una cultura de participación cívica como sí la tienen los “socialistas” del D.F., las autoridades responderían. En Francia marchan todas las semanas por temas tan triviales como las vacaciones de maternidad. Obedecer las señales de tránsito fomentaría el respeto a la ley. Tratar a los pobres como te gustaría que te trataran a ti es otra buena manera de contribuir a la unidad social. Reconocer e integrar a los pobres de Monterrey es fundamental. Porque que hay muchos, pero MUCHOS más pobres de lo que el “orgullosamente regio” quisiera admitir (1/3 de la población de N.L. vive con menos de USD$5.25/día). La marginación social de las colonias de pobreza extrema ha sido el caldo de cultivo perfecto para la germinación de nuevos reclutas adolescentes del crimen organizado. Sin un futuro, y sin nada que perder, vivir 3 meses manejando una Escalade y el poder que da una AK-47 es mejor que una vida de miseria lavando parabrisas bajo 40 grados en Ave. Colón. Ese mundo paralelo de miseria (inimaginable para el que cree que Monterrey es ciudad de primer mundo) siempre estuvo ahí, pero el “orgullosamente regio” eligió ignorarlo (incluso esconderlo, como cuando la Serie Cart de Automovilismo fue a Monterrey y el gobierno erigió una barda que tapaba la “fea” Colonia Pablo A. de la Garza para que los turistas no la vieran). Esa marginación está cobrando factura, y lo está haciendo de manera rabiosa. Para contrarrestarlo, el “orgullosamente Regio” necesita realmente solidarizarse y llevar a la acción ese “amor” por Monterrey.

La dedicación del "jalador" regiomonano es un rasgo admirado por muchos. Su disciplina, tenacidad y constancia son valores que el "orgullosamente Regio" aplica para lograr el éxito individual. Ese individualismo, sin embargo, ocasiona el olvido de las necesidades de los demás, y los demás, en este caso, representan Monterrey mismo.

El "orgullosamente Regio" necesita dejar el individualismo y actuar por la ciudad por la que tanto orgullo profesa. De otro modo, Monterrey enfrenta el desmoronamiento que carcome ciudades como Ciudad Juárez y Torreón.

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